
(Entrevista a Constanza Mekis y Corina Acosta. Transcripción libre del diálogo sostenido)
1. ¿Cuál es, en pocas palabras, la propuesta que está detrás de este documental?
En parte, al menos, creo que lo más interesante del documental está en su abierta exploración del cuerpo humano, en la fascinante capacidad que éste tiene para transmitir todo tipo de sentimientos y sensaciones, desde valores hasta amores, tristezas e impresiones. El documental, en este sentido, promueve la liberación expresiva del cuerpo. Pensar y sentir desde lo material, desde lo sensible.
Por otra parte, es posible apreciar de manera muy directa y palpable el legado de Pina a través de las personas que la conocieron. Ella, aparentemente, fue una maestra que nunca se puso en tal lugar desde el punto de vista del saber cerrado y jerárquico, sino que siempre apuntó hacia el trabajo conjunto, el trabajo que potencia lo que hay en el otro y busca liberarlo y abrirle camino a su propia expresividad.
2. La danza, este documental y la educación. ¿Qué tipo de vínculo podría establecerse entre estas tres dimensiones creadoras del hombre?
Este documental ofrece la posibilidad de ver a una maestra en toda su potencia, en la cima de su torrente expresivo. Ella, sin embargo, fue naciendo -en tanto maestra- del esfuerzo conjunto realizado con sus bailarines. Muchas veces fueron estos últimos los que inventaron las coreografías que después Pina tomaba y reformulaba.
Hay un espíritu siempre presente de colaboración, de camadería activa entre el maestro y sus discípulos. Éste es, en mi opinión, el norte al cual toda práctica pedagógica debiera tender. En todo esto percibo el rigor propio de un trabajo abierto, impredecible, muy cerca por lo demás de los ritmos de la naturaleza, que en el fondo son también los ritmos de lo humano.
Pina, además, lograba una cosa increíble que sólo en los mejores docentes puede verse: la capacidad de convertir lo más cotidiano e insignificante en un objeto valioso para la enseñanza. Sus escenarios están repletos de detalles que se abren hacia lo natural, que gatillan en el espectador reminiscencias sencillamente únicas: el sonido del agua, el movimiento de las hojas, la inmensidad del desierto. El mensaje, en síntesis, es éste: todo puede ser un recurso.
3. ¿Qué otra ideas sobre el cuerpo están presentes en este documental?
Todos –y aquí está la clave- podemos bailar. No se necesita un cuerpo estandarizado, ajustado a los cánones convencionales para bailar. Seamos como seamos, sea nuestro cuerpo como sea, siempre podremos utilizarnos materialmente como vehículos expresivos. El talento puede surgir desde los lugares y los cuerpos más inesperados; bailar es atreverse, es explorar. Si no bailamos estamos perdidos. Debemos potenciar lo que vemos en los alumnos, pero amorosamente, desde el centro de ellos mismos. Y la interculturalidad que el documental exhibe (desde los bailarines hasta la música empleada en las coreografías), es una muestra clara de las posibilidades que ofrece esta diversidad expresiva.
Simplemente no hay límites. Todos nosotros debemos encargarnos de valorizar nuestras partes. Hay una potencia que debemos trabajar desde el cuerpo. Atreverse, ATREVERSE, y no tener miedo. Pina expresa y no teme: juega con la soledad, juega con sus propios límites (hay coreografías en las que mantiene los ojos cerrados todo el tiempo), juega con ese espacio difuso en el que lo intangible de los sentimientos y lo tangible del cuerpo entran en diálogo.
4. ¿Cómo potencia la tecnología 3D la experiencia artística (danza, cine)?
Tentativamente, creo que podría decirse que hay un acercamiento al mundo “presencial”. Los objetos, las miradas: todo resalta de un modo especial, casi como si se estuviera en un teatro que llama e invita. Uno siente, a ratos, el deseo interior de participar, de ir a bailar.
1. ¿Cuál es, en pocas palabras, la propuesta que está detrás de este documental?
En parte, al menos, creo que lo más interesante del documental está en su abierta exploración del cuerpo humano, en la fascinante capacidad que éste tiene para transmitir todo tipo de sentimientos y sensaciones, desde valores hasta amores, tristezas e impresiones. El documental, en este sentido, promueve la liberación expresiva del cuerpo. Pensar y sentir desde lo material, desde lo sensible.
Por otra parte, es posible apreciar de manera muy directa y palpable el legado de Pina a través de las personas que la conocieron. Ella, aparentemente, fue una maestra que nunca se puso en tal lugar desde el punto de vista del saber cerrado y jerárquico, sino que siempre apuntó hacia el trabajo conjunto, el trabajo que potencia lo que hay en el otro y busca liberarlo y abrirle camino a su propia expresividad.
2. La danza, este documental y la educación. ¿Qué tipo de vínculo podría establecerse entre estas tres dimensiones creadoras del hombre?
Este documental ofrece la posibilidad de ver a una maestra en toda su potencia, en la cima de su torrente expresivo. Ella, sin embargo, fue naciendo -en tanto maestra- del esfuerzo conjunto realizado con sus bailarines. Muchas veces fueron estos últimos los que inventaron las coreografías que después Pina tomaba y reformulaba.
Hay un espíritu siempre presente de colaboración, de camadería activa entre el maestro y sus discípulos. Éste es, en mi opinión, el norte al cual toda práctica pedagógica debiera tender. En todo esto percibo el rigor propio de un trabajo abierto, impredecible, muy cerca por lo demás de los ritmos de la naturaleza, que en el fondo son también los ritmos de lo humano.
Pina, además, lograba una cosa increíble que sólo en los mejores docentes puede verse: la capacidad de convertir lo más cotidiano e insignificante en un objeto valioso para la enseñanza. Sus escenarios están repletos de detalles que se abren hacia lo natural, que gatillan en el espectador reminiscencias sencillamente únicas: el sonido del agua, el movimiento de las hojas, la inmensidad del desierto. El mensaje, en síntesis, es éste: todo puede ser un recurso.
3. ¿Qué otra ideas sobre el cuerpo están presentes en este documental?
Todos –y aquí está la clave- podemos bailar. No se necesita un cuerpo estandarizado, ajustado a los cánones convencionales para bailar. Seamos como seamos, sea nuestro cuerpo como sea, siempre podremos utilizarnos materialmente como vehículos expresivos. El talento puede surgir desde los lugares y los cuerpos más inesperados; bailar es atreverse, es explorar. Si no bailamos estamos perdidos. Debemos potenciar lo que vemos en los alumnos, pero amorosamente, desde el centro de ellos mismos. Y la interculturalidad que el documental exhibe (desde los bailarines hasta la música empleada en las coreografías), es una muestra clara de las posibilidades que ofrece esta diversidad expresiva.
Simplemente no hay límites. Todos nosotros debemos encargarnos de valorizar nuestras partes. Hay una potencia que debemos trabajar desde el cuerpo. Atreverse, ATREVERSE, y no tener miedo. Pina expresa y no teme: juega con la soledad, juega con sus propios límites (hay coreografías en las que mantiene los ojos cerrados todo el tiempo), juega con ese espacio difuso en el que lo intangible de los sentimientos y lo tangible del cuerpo entran en diálogo.
4. ¿Cómo potencia la tecnología 3D la experiencia artística (danza, cine)?
Tentativamente, creo que podría decirse que hay un acercamiento al mundo “presencial”. Los objetos, las miradas: todo resalta de un modo especial, casi como si se estuviera en un teatro que llama e invita. Uno siente, a ratos, el deseo interior de participar, de ir a bailar.